Pages

twitter Facebook
Montón de rocas
  • Inicio
  • Libros
  • Blog
  • Menciones
Hace unos meses acordé con mis amigos Lucho y Mario retomar algunas lecturas que teníamos pendientes desde nuestros lejanos tiempos en la universidad (a mediados de los noventa), y reunirnos para comentarlas. Pretendíamos fundar una versión perezosa de un club de lectura que se pueda amoldar a nuestros horarios laborales...  Uno de ellos se quería mandar de hacha con Ulises pero yo les pedí un poco de piedad y que vayamos piano piano con el tio Joyce, de quien tantas cosas terribles se decían en las aulas de Estudios Generales Letras de la Católica. Así que arrancamos con Dublineses, su libro de relatos, para hacernos una idea.

Arabia, uno de los relatos más inspirados de la colección, toma su nombre de un bazar en el que un adolescente enamorado cree que encontrará el camino para acercarse a la chica que le gusta.

Íbamos a reunirnos a las dos semanas para comentar esa y otras lecturas pero las prioridades y los horarios de los miembros de la clase trabajadora de mediana edad son incompatibles con los revivals de los rituales estudiantiles. Vamos, si no eran importantes en aquellos años, ¡cómo lo podrían ser ahora! Así que, como no nos reunimos, pondré mis impresiones aquí, antes de que se me olviden. Pero como esto no es una tarea escolar, sólo diré un par de palabras sobre los relatos que más me gustaron.

De las quince historias, he escogido seis. Noto que una cualidad las hermana: Todas hablan, en un sentido u otro, de expectativas insatisfechas. Supongo que, más allá del valor literario de estas piezas, lo que me ha gustado de ellas es que sus personajes comparten conmigo un defecto doloroso: Esperar siempre más de lo que finalmente obtenemos. Como, por ejemplo, esperar que tus amigos cumplan con leer lo que acordaron... Por cierto, Mario, Lucho, si algún día se acuerdan de este pendiente, los remitiré a las opacas líneas que siguen.

Un funcionario de la corte otomana ha recibido el encargo de elaborar un libro lleno de ilustraciones. Los mejores artistas del Imperio han sido convocados para formar parte de la obra. Pero, por razones que desconocen, éstos deben trabajar siguiendo una serie de reglas extravagantes. Por ejemplo, ninguno podrá pintar una página entera sino sólo una parte de ellas. Tampoco podrán ver lo que otros han pintado, no trabajarán al mismo tiempo y siempre usarán seudónimos para identificarse. El proyecto, con todo, avanza, hasta que el asesinato de uno de los participantes convierte a los demás en sospechosos. 

Esa es, más o menos, una sinopsis de Me llamo Rojo, de Orhan Pamuk. Una obra en la que los géneros épico y policial se entrecruzan con sesudas reflexiones sobre el amor, el arte y hasta la naturaleza de Dios. Lo leí hace poco y tomé algunas notas que quiero compartir por aquí.


Entre los ilustradores protagonistas existe la idea de que aquellos que lleguen a la culminación de su arte pueden darse el lujo de quitarse la vista con un alfiler. Es un "lujo" que sólo pueden darse los verdaderos maestros.
Cuando te hablan de un libro maldito cuyo protagonista sirvió de inspiración al asesino de John Lennon y también al tipo que casi mata a Ronald Reagan y te cuentan que el hombre que lo escribió vivía escondido en su mansión sin que nadie pudiera tomar una foto de su cara durante décadas, lo primero que dices es "guau, tengo que leerlo". Sobre todo si eres un chibolo alucinado (como lo era yo cuando escuché todo eso).



Claro, de ahí guardas ese must en tu almacén-de-cosas-que-tengo-que-hacer-algún-día y, como ocurrirá con la mayoría de ellas, el tiempo pasa y te olvidas hasta de que tienes un almacén donde acumulas las cosas que tienes que hacer algún día. Pero a veces es bueno que te olvides. Porque cuando uno tiene altas expectativas sobre un libro, una película o incluso sobre alguien, esos prejuicios contaminan el día del encuentro y afectan tu valoración final.  

La literatura es peligrosa y debe serlo. Eso es lo que pensaba mientras leía Lolita. Porque Humbert (el protagonista) me hizo cómplice de todos sus delitos. Él logra convertir a una preadolescente -a la que adora y desea- en su hijastra y aprovechándose de ese parentesco secuestra lo que le queda de niña. Pero Humbert también me secuestró a mí, como lector, para que le sirva de comparsa. Durante mi cautiverio los acompañé en el asiento trasero del auto con el que recorrieron las carreteras de los Estados Unidos, en un errático viaje de huida y liberación. Pude ver de cerca cómo Humbert urdía miles de coartadas para que la chica no se de cuenta de sus verdaderas intenciones. Y cuando ella finalmente las descubre, presencié el juego atroz en el que ella aceptaba su nueva normalidad. 



Asombrarse es una experiencia solitaria. Pero puedes compartirla y hasta mejorarla si le cuentas a alguien lo que te sorprendió o te conmovió. Por ejemplo cuando sales del cine o del teatro, a donde sueles acudir acompañado: Te pones a contar lo que piensas sobre tal personaje o te mandas con una loca teoría sobre lo que en verdad sucedió en la escena final. La discusión se anima, discrepas, coincides, dices una pastrulada y te responden con algún rocón y todo ese juego de comentar la experiencia, te apacigua y te ayuda, un par de horas después, a dormir tranquilo.

Pero cuando lees una novela, cuando miras una película pirateada en tu computadora o cuando acudes sin compañía a un concierto de esa música que no le gusta a tus amigos, la experiencia se queda solo contigo, rebotando en las paredes de tu cráneo y, a veces, causando estragos.

Y para eso es este blog. Para guardar todas esas impresiones que se quedaron sin ser contadas. Cosas acerca de lo que leí, vi o escuché. Y quizá, también, algunas cosas más difíciles de definir pero que tengo que colocar en algún lugar para que no se me pudran aquí adentro ni revienten en mi pecho. Un lugar seguro para decir un montón de rocas sin que nadie me lo reproche.

 (31/05/2014)


Falta una semana pero es como si ya me hubiera ido… No me crees. Sí, ya sé que dije miles de veces que me quito y, al final, no lo hago. Sí, ya sé es la misma cantaleta que hace siglos, que no tengo tiempo para nada, que quiero escribir, hacer música, que paro estresado y me esfuerzo demasiado por muy poco y bla bla bla, pero, a pesar de los lamentos, sigo atornillado, pegado y emparedado aquí. Pero ahora sí es en serio. Entiéndeme, no me había resultado fácil dar el paso antes porque siempre hay excusas para no darlo. La principal es que es difícil desenchufarse de lo que te da -puntualmente y cada fin de mes-, gas para vivir, aunque no sea de la mejor calidad y esté arruinando tu motor.

Entradas más recientes Página Principal

Lo más leído

  • Invencible
    Tenía los ojos cerrados, amarilla la piel, recogidos los miembros. Salvo el pecho, que subía y bajaba rápido, el resto de su cuer...
  • Confesión
    [MICRORRELATO] Mientras las demás consumíamos las tablas del piso y las vigas de madera, ella se empeñaba en hacer túneles entre ...
  • La princesa intocable y el sable volador
    ¿Quieres meterle a alguien el gusto por la ópera? Hay una que tiene lo necesario para seducir a los nuevos. La protagonista es una princesa...
  • Juguetes de la historia
    Apuntes de lectura sobre Guerra y Paz. A diferencia de lo que pasa cuando ves película o escuchas música,  en un libro tú pones la v...
  • El libro de los amantes desquiciados
    Seguramente te ha pasado: Recuerdas que en tu adolescencia viste una película o una serie en la tele que te impresionó mucho y que no volvis...
  • Lastre
    Mi amigo Nelson se va. Vivirá vivir con aquél de quien se ha enamorado y con quien incluso firmará un documento que a la larga le...
  • El peso de los otros
    Aunque de tramas muy distintas, hay una sorprendente coherencia entre los relatos que componen  La Horda Primitiva.  Todos los textos son d...
  • Gigantes
     [RELATO] — ¿Para quién es? — Para mí. Me llamo Pablo. — Pablo. Muy bien. El escritor toma su lapicero y abre el lib...
  • Afónicos
    Me salen otros gallos y vuelvo a pensar que no soy el mismo de antes. Terco, cambio la forma en que respiro e intento impostar la voz. ...
  • Física
    Regresar. Ya lo he hecho antes. En lo laboral, lo amoroso o lo académico, los retornos son parte de mi historia. Algunas veces regre...

Autor

Pablo Ignacio Chacón

Pablo Ignacio Chacón

Soy autor de "Los perseguidores" (cuentos) y "Juanito Trapelas" (microrrelatos). En 2017 gané el Concurso de Microrrelatos de la Casa de la Literatura Peruana. Fui finalista en el Concurso Internacional de Cuento Juan Rulfo (2011), el Concurso Bonaventuriano de Cuento de (2015) y dos veces en la Bienal de Cuento Premio Copé (2000 y 2022).

Archivo del Blog

  • ►  2013 (1)
    • ►  noviembre (1)
  • ►  2014 (15)
    • ►  mayo (1)
    • ►  junio (1)
    • ►  agosto (1)
    • ►  septiembre (2)
    • ►  octubre (3)
    • ►  noviembre (6)
    • ►  diciembre (1)
  • ►  2015 (19)
    • ►  enero (2)
    • ►  febrero (1)
    • ►  marzo (2)
    • ►  abril (2)
    • ►  mayo (1)
    • ►  junio (3)
    • ►  julio (4)
    • ►  septiembre (2)
    • ►  octubre (1)
    • ►  noviembre (1)
  • ►  2016 (12)
    • ►  febrero (2)
    • ►  marzo (1)
    • ►  abril (2)
    • ►  junio (1)
    • ►  septiembre (2)
    • ►  octubre (1)
    • ►  noviembre (2)
    • ►  diciembre (1)
  • ►  2017 (14)
    • ►  enero (2)
    • ►  febrero (1)
    • ►  marzo (2)
    • ►  mayo (1)
    • ►  julio (2)
    • ►  septiembre (2)
    • ►  octubre (1)
    • ►  noviembre (1)
    • ►  diciembre (2)
  • ►  2018 (6)
    • ►  enero (1)
    • ►  febrero (1)
    • ►  marzo (1)
    • ►  abril (1)
    • ►  mayo (1)
    • ►  octubre (1)
  • ►  2019 (3)
    • ►  diciembre (3)
  • ►  2020 (9)
    • ►  marzo (2)
    • ►  abril (2)
    • ►  julio (1)
    • ►  agosto (1)
    • ►  noviembre (1)
    • ►  diciembre (2)
  • ►  2021 (4)
    • ►  febrero (2)
    • ►  junio (1)
    • ►  julio (1)
  • ►  2022 (4)
    • ►  febrero (1)
    • ►  mayo (1)
    • ►  julio (1)
    • ►  octubre (1)
  • ►  2023 (11)
    • ►  enero (2)
    • ►  febrero (1)
    • ►  marzo (1)
    • ►  junio (3)
    • ►  agosto (1)
    • ►  septiembre (1)
    • ►  noviembre (1)
    • ►  diciembre (1)
  • ▼  2024 (1)
    • ▼  abril (1)
      • Acerca de la luz

Etiquetas

Balzac (3) Bioy (1) Bryce (1) Cabrera Infante (1) Christie (1) Clemente Palma (1) Conrad (1) Dostoievski (1) Flaubert (2) Gogol (2) Hemingway (2) Joyce (1) Nabokov (1) Pamuk (1) Poe (1) Ribeyro (1) Salazar Bondy (1) Salinger (1) Sartre (1) Stendhal (2) Tolstoi (3) exposición (1) libros (3) música (9) rocas (38) ópera (4)

Visitas al blog

Los derechos de todos los contenidos presentados en este blog pertenencen a Pablo Ignacio Chacón. Con tecnología de Blogger.
Reservados todos los derechos © 2014-2024 a Pablo Ignacio Chacón

Blogger Templates Created By ThemeXpose - Designsrock